• contacto@tecmered.com

De la memoria a la verdad (En sus pliegues, la justicia)

De la memoria a la verdad (En sus pliegues, la justicia)

Cristina Toro

 

¿No le parece que los otros, los hombres, hoy en día quieren olvidar Auschwitz cuanto  antes? Hay indicios que permiten pensar que quieren olvidar o algo peor: negar. Es muy significativo: quien niega Auschwitz es precisamente quien estaría dispuesto a volver a hacerlo.

Primo Levi. Última entrevista. 1982

 

Hace unos pocos días, el 27 de enero, se recordó el 75 aniversario de la entrada de las tropas soviéticas, a Auschwitz (en Polonia). La liberación de ese campo de concentración y exterminio, que se mantuvo durante cinco años, quedó como símbolo del genocidio perpetrado por los nazis. Este hecho permitió que se documente, y así exponer al mundo, las atrocidades que allí ocurrieron.

Por un lado, la memoria histórica se basa en lo que se documenta, pero hay otra memoria, que es la que se rescata de testimonios como el de Primo Levi, quien  estuvo prisionero en el campo de concentración de Monowitz, subalterno del de Auschwitz que permite en primera persona rescatar las voces de quienes vivieron esa tremenda experiencia.

En nuestro país, la República Argentina,  durante la última dictadura cívico-militar entre los años 1976 (en algunas regiones podemos añadir sucesos acontecidos en 1975) y 1983, también se llevó a cabo un proceso genocida, donde el Estado instauró una política sistemática de terror que muy tempranamente Eduardo Luis Duhalde denominó Estado terrorista[1]. También pudo nombrase judicialmente a los crímenes cometidos por el Estado como crímenes de lesa humanidad. Los mismos han logrado múltiples condenas y todavía continúan en curso, por su condición de “imprescriptibilidad”.

Será mediante la lucha contra el negacionismo  y  el reconocimiento de lo sucedido, que se pueden llevar a cabo políticas de reparación desde el  Estado. Por otro lado, existen organizaciones que desde fuera de él, ofician como productores de políticas, asociaciones civiles, como TeCMe (Territorios Clínicos de la Memoria), cuyo objetivo  es generar y sostener dispositivos que  vía la transmisión, el pensamiento, el asesoramiento y la consultoría sobre esas políticas , aporte a ese proceso[2].

Tal como queda expresado en los fundamentos de esta asociación civil, cuyas coordinadoras provienen de una experiencia estatal:

“Afianzar las políticas de memoria y archivos, es generar instrumentos para seguir acrecentando el conocimiento de lo acontecido, garantizando que los documentos y los testimonios estén a disposición, promoviendo políticas de resguardo y acceso, que contribuyan a los procesos de Verdad, Justicia y a la reconstrucción de nuestra historia reciente. La fuerte experiencia que desarrollamos desde diversos ámbitos estatales, en la construcción de Políticas Públicas en materia de Derechos Humanos vinculadas a la memoria, la verdad, la justicia y la reparación, nos permite construir un espacio de trabajo entre las dimensiones teóricas de los Testimonios y los Archivos”.

Si bien el valor del testimonio de los/ las  sobrevivientes fue y es imprescindible para que  la memoria colectiva se active en su camino a la búsqueda posible de la verdad, también se impone un trabajo desde lo singular, o sea: uno por uno.

En TeCMe, nos dedicamos desde el área clínica[3] a pensar esas incidencias ya que no se puede generalizar en la clínica, como lo requiere en nuestro caso la orientación psicoanalítica, porque si bien fue una cuestión que afectó a un país entero, fueron  hombres, mujeres y niños quienes sufrieron las consecuencias afectivo/traumáticas y simbólicas que generaron marcas imborrables.

El Holocausto, el genocidio armenio, como lo ocurrido en Argentina, si bien ya ocurrieron, no son el pasado. Como señala el subtítulo del último libro publicado por TeCMe, se trata de un futuro anterior. Por eso es imprescindible que  la Memoria mantenga vivo lo ocurrido, y  que la búsqueda permanente de la Justicia también se sostenga, ya que simbólicamente es la que puede poner palabras a ese real acontecido.

Los últimos cuatros años del gobierno encabezado por el ex presidente Macri en nuestro país dejaron marcas, es un observable en los sucesos, pero también un señalamiento de estructura.

A propósito del vuelo del cordero en Punta del Este[4], escribí unas palabras en una red social, debido a que en un momento sentí que me recorría un frío por la espalda producto de la conmoción que provoca el no olvido inconsciente, ya que conscientemente no se está todo el tiempo recordando todo. El olvido al que me refiero es el que señala Freud como parte constitutiva de la memoria.

Hoy nos enteramos que el tristemente célebre Adolfo Scilingo camina con libertad por las calles de Madrid. Desde hace un par de días estoy pensado en él y en tantos otros que participaron en los vuelos de la muerte. Seguramente porque el cordero arrojado a una piscina en Punta del Este, evoca ese goce siniestro que seguramente muchos aún añoran.

Quien es capaz de cometer tamaña acción, lo hace por el mero hecho de mostrar poder e impunidad, más allá de que sea atribuido a su condición de pertenencia a un sector de ostensible riqueza monetaria.

Debemos estar alertas a estas prácticas, cuando se hacen visibles, porque dan cuenta de lo que subyace en lo más oscuro, y que indican que siempre añoran volver.

Contrarrestar desde nuestra posición militante del Nunca Más, ese retorno.

 También durante el mes de enero pasado, en Villa Gesell[5], ocurre un hecho que vuelve a conmover a la sociedad y que tiene amplia difusión en los medios, con presencia de “expertos” que tratan de explicar la situación desde una posición cuasi morbosa.

Sin embargo, hay una entrevista radial que debe ser destacada, que es la que se  le realiza a Fabiana Rousseaux, quién se expresa retóricamente preguntándose ¿cuál es la razón que dé cuenta de porqué se produjo este episodio? Advirtiendo que no se puede generalizar, lo ocurrido ni por la condición juvenil de los responsables,  ni de pertenencia de clase, cito;

“Ante el debate que se disparó necesariamente en estos días tras el trágico episodio de Gesell, lo que debemos saber es que la respuesta a este hecho -muy probablemente sin ninguna razón- llegará retroactivamente. Muchas de las cosas que digamos acerca de los motivos, corre el riesgo de las generalizaciones e imputaciones -incluso no deseadas- porque ni la mayoría de los jóvenes varones matan a otro para demostrar su masculinidad, ni por consumir alcohol y drogas cualquiera es capaz de matar, ni el rugby empuja a quienes lo practican a asesinar a patadas a otro, ni la cuestión de clase ejerce un impulso tal que explique que un pibe de clase media, canchero e incluso patoteril no sea capaz de frenar ante las cámaras que lo filman mientras destroza el cuerpo de otro pibe y se vaya a dormir como si nada, con la camisa llena de sangre, ni la impunidad de clase lo lleva por sí misma, a no calcular las consecuencias de ese acto criminal: la cárcel. Ninguna de estas cuestiones son en sí explicaciones ante un hecho semejante.

En todo caso, el desanudamiento de los lazos sociales provocado por décadas de debilitamiento de la ley simbólica, la destrucción del efecto de freno que deberían imponer las leyes del Estado (encarnadas muchísimas veces por sujetos que han ejercido esa función para sortear la ley o acomodarla a medida), los años de prácticas patoteriles por parte del terror de Estado, irrumpiendo en las casas con 20/30 personas armadas atacando y asesinando a personas desarmadas y niños/as, la des-responsabilización de todas las instituciones que intervinieron en la escena de Gesell (la seguridad del boliche y la policía miraban la escena pero nadie intervino, declaró una piba que estaba allí), el boliche diciendo «en las inmediaciones del lugar» en su comunicado, como si la cosa no hubiera empezado «dentro del lugar» y ellos no los hubieran sacado para quitarse el problema de encima y que se maten afuera, mirando cómo se sucedían los hechos, inconmovibles; los que filmaban la escena ya no se sabe si por pura pasión voyerista u otra cosa; y como si durante el macrismo no hubiera habido una reafirmación y aval desde el propio Estado en torno a los linchamientos (aplaudidos por muchísimas personas de la sociedad civil, también).

Hasta hoy existe un crimen, pero falta -en un sentido estricto- el/los criminal/es. Estos pibes ahora devenidos en asesinos aún no han atravesado la experiencia de la ley que impone el peso de la sanción penal ante el acto que acaba de destrozarles la vida a ellos también. Todos sentimos impotencia, dolor y deseo que esto no quede impune, ante las imágenes del odio desembozado de estos jóvenes que se parecen mucho a las patotas pro-nazis que abundan en el mundo y nos generan indignación. No fue en nombre de un ideal de derechas siquiera, fue en nombre de nada, de la camisa manchada de vino por un choque de los cuerpos. No hay más explicación que esa por ahora. Solo la ley podrá abrir la posibilidad de una razón otra, retroactivamente y para cada uno de los pibes que participaron, cuando los ahora criminales asuman su crimen. Desde Freud en ese cúmulo de textos que van de 1920 a 1930 sabemos de la pulsión de muerte y la tentación de martirizar al otro; hasta Lacan en 1950 cuando en ese magnífico texto “Introducción teórica a las funciones del psiconálisis en criminología”, plantea la cuestión de la verdad del acto y la asunción lógica del acto.

Mientras tanto, la justicia tiene una oportunidad; la de ejercer su lugar y el Estado todo, encarnado en funcionarios que ya se han opuesto a la lógica del linchamiento e impunidad, logren a través de todas las áreas disponibles, restituir las fronteras de la ley y la palabra.» (El resaltado es mío)

“Pasaron cosas”, como decía burlonamente el ex Presidente Macri, para explicar su siniestra política. Sí, pasaron cosas en estos cuatro años, que lamentablemente nos hace reencontrar con los sucesos señalados.

La reivindicación ideológica de este gobierno neoliberal dio consistencia a la fantasmática de la subjetividad que engendra,  que hace lugar a la autorización para convertirse en un portador del mal, lo que queda casi obscenamente expuesto en lo que los comentaristas llaman –en torno al  caso de los rugbiers- “matar por placer “o “matar por goce”.

Cabe preguntarse sobre lo que está en la base, y que permite que se renueve esta autorización. Es indudable que está basada en el proceso criminal de la dictadura y que sostuvieron quienes encarnaron el poder esos cuatro años, que estimo es lo que se pregunta Rousseaux.

Venimos del modelo estatal macrista, que se expresaba a través de sus brazos ejecutores con frases como “el que quiera andar armado, que ande armado”, y de metáforas climáticas para justificar el estado de la psicopatología de la vida cotidiana. ¿O sea, sin ley? Se rechaza un discurso que ordene y se reemplaza por un funcionamiento del estado de excepción. Esta etapa del capitalismo cruel que estamos atravesando, no deja de mostrarnos sus consecuencias en la reciente historia argentina. Que no nos extrañe que siga apareciendo con un rostro cada vez más feroz. La ruina que se ha instalado no es sólo económica. La violencia se asienta en las pasiones del odio y la ignorancia, el resultado es un sujeto no concernido por su responsabilidad.

Así como el incidente del cordero lanzado desde un helicóptero,  puede hacer eco con los vuelos de la muerte,  el caso de los rugbiers de Villa Gesell, que se organizaron para golpear, rebajar y matar, trae el recuerdo de los Grupos de Tareas de la última dictadura en nuestro país, que dieron cuenta del goce horroroso que acompañaba sus actos.

El pasado está presente en el futuro, las marcas de estas historias  del horror no cesan por el mero hecho de estar en democracia. Menos que menos, si venimos de atravesar cuatro años de una democracia a la que le faltó fundamentalmente justicia.

Sabemos por el psicoanálisis que no hay una verdad toda, que el sujeto está dividido por el lenguaje, pero hay una verdad cuyo sitio se delimita por su falta. En ese marco, la Memoria es un camino, y la Justicia, el instrumento imprescindible. Como señala Fabiana Rousseaux[6]:

Pero veamos de qué hablamos cuando decimos testimonio, ya que este comprende una divergencia estructural en la cual se hace necesario detenerse, ya que de lo que se trata es del desencuentro entre los hechos y la verdad que toca la intimidad de ese sujeto.

Quien da testimonio lo hace sobre una verdad, y esto es lo que da a su palabra consistencia. Sin embargo, lo que estamos planteando, tomando las reflexiones de Giorgio Agamben, es que el testimonio vale en lo esencial por lo que falta, contiene en su centro algo que es intestimoniable. Esta función de la falta se torna esencial para la producción del recuerdo.

En la memoria apelamos a un desciframiento, no hay en ella la presencia completa de lo vivido. No se trata entonces de un simple juego dicotómico entre la memoria y el olvido, sino de un trabajo de ficción y de escritura.”

Desde esta perspectiva, como militantes del Nunca Más, sostenemos nuestras consignas de Memoria, Verdad y Justicia, estando atentos al devenir de los acontecimientos en nuestra historia.


[1] Ver El Estado terrorista argentino de E.L.Duhalde

[2] http://tecmered.com/wp-content/uploads/2019/12/Apostamos-a-la-tarea-de-transmisi%C3%B3n.pdf

[3] http://tecmered.com/por-que-lo-clinico/

[4] https://www.pagina12.com.ar/241894-avanzan-las-investigaciones-por-el-lanzamiento-del-cordero-d

[5] https://www.pagina12.com.ar/243075-asesinato-en-villa-gesell-dos-de-los-rugbiers-fueron-acusado

[6] http://tecmered.com/testimonios-testigos-contra-terrorismo-de-estado/

Email this to someonePrint this pageShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn
EnglishFrançaisDeutschItalianoPortuguêsEspañol