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JORGE ALEMÁN Y PASOLINI CONTRA EL RETORNO DE LOS DEMONIOS

Jorge Alemán y Pasolini contra el retorno de los demonios*

Lidia Ferrari**

 

“… sólo si somos capaces de entrar en relación con la irrealidad y con lo inapropiable en cuanto tal, es posible apropiarse de la realidad y de lo positivo”. Giorgio Agamben (1977/2016: 15)

“Ya lo decía W. Mühlman, hay «épocas ricas en demonios». Michel de Certeau (1970/2012:16)

 

Como “retorno de los demonios” designo la operación narrativa del poder neoliberal para traer al repertorio del sentido común popular términos como demonios, el eje del mal, etc.  recuperando la noción de lo diabólico y lo maldito sagrado a efectos de estigmatizar palabras, ideas, personas y movimientos con vocación emancipadora. Una vez instalados y estigmatizados, la maquinaria mediática, judicial y de negocios fraudulentos se pone en marcha para exorcizarlos o eliminarlos, evocando cazas de brujas y demonios de siglos pasados.

 

Entre los siglos XVI y XVII se produce en Europa un incremento de la brujería y de las posesiones. Es famoso el episodio en el pequeño pueblo de Loudun, Francia, del cual se ocuparon Aldous Huxley y Michel de Certeau. Episodio emblemático de una verdadera epidemia de posesiones que involucró a 17 monjas y al aparato inquisitorio de la época. Para de Certeau las crisis o rupturas sociales en sociedades religiosas se presentan con la forma de lo diabólico. Denuncian la existencia de un hueco, de certezas socavadas, de perturbaciones que no se pueden responder sino con los medios que se dispone: religiosos. Los maleficios y crisis diabólicas serán a la vez síntomas y soluciones transitorias de una crisis. “La crisis diabólica tiene el doble significado de revelar el desequilibrio de una cultura y de acelerar el proceso de su mutación”, dirá Michel de Certeau (2012: 16). La posesión en Loudun se vuelve tan central en la vida de ese pequeño pueblo francés durante diez años que será como un teatro, un circo, hasta convertirse en un centro de peregrinaje desde toda Europa.

Visitar la historia permite desbaratar la centralidad narcisista desde la que muchas veces pensamos a nuestro tiempo. Lo horroroso o lo diabólico, ya en épocas pretéritas, podía ser motivo de espectáculo y desempeñar un papel como el de la commedia dell’arte. Primero la violencia de lo diabólico espanta, pero luego los dispositivos comienzan a conversar con él. Así el horror se transforma en espectáculo y el espectáculo en sermón. A pesar de sus precarios dispositivos narrativos, en esa época también se alimentaba el espectáculo a través del escándalo. Y el escándalo provenía de banalizar lo maldito sagrado, una forma de tratar a la demonización y la brujería.

En el contexto actual se nos dice que los demonios están retornando.  Habíamos abandonado ya no sólo el ideal ilustrado sino la superstición religiosa. Su retorno en lo social alimenta imágenes que creíamos sepultadas en el pasado.

¿Estamos situados en un momento de crisis “existencial” de nuestra especie humana? Quizás sí. Quizás nuestra existencia como tal, al menos, está poniéndose en cuestión. Los avances inescrupulosos de la maquinaria automática de las corporaciones financieras no pueden poner ningún freno a la devastación que ofrece su misma lógica de funcionamiento. Pero en lugar de hacerse evidente el horror mismo del funcionamiento de esa maquinaria, lo que irrumpe como extraño, la singularidad latente, son ánimos de odio, de segregación, de hostilidad hacia lo humano, hacia lo otro. Nos quieren convencer de que los deseos de emancipación, de justicia, y de igualdad están pereciendo y nos quieren convencer de que lo peor de lo humano es lo que retorna de lo reprimido. ¿Por qué insisto en que “nos quieren convencer”? Porque considero que se trata de una estrategia narrativa de la dominación.

El resurgimiento de vientos religiosos en la vida política de la derecha de algunos países occidentales, se lo suele leer como un retroceso a la Edad Media. Pero es un error. La matriz de la vida actual pasa por la manipulación mediática.  Las iglesias universales de Dios o los cultos evangélicos responden a una universalización de la vida a través de las redes sociales y los medios de comunicación, y forman parte de una estructura de poder que excede ampliamente el fenómeno religioso. Pero se entraman con la religiosidad de los pueblos, parasitan y construyen el fervor religioso para su conveniencia. Lo que se universaliza no es necesariamente el mensaje, sino el dispositivo. El dispositivo de la conexión ininterrumpida de la vida a la infoesfera es lo que promueve el retorno a cultos religiosos de carácter fundamentalista. A diferencia de las posesas de Loudun, que surgen para decir algo que no se quiere escuchar, estos retornos son bombardeados desde la cúspide y no desde la base. De allí que su lugar de enunciación de una verdad en lo social lo debemos someter a sospecha.

Pero los demonios no son las brujas. Las brujas son perseguidas cuando dejan de ser dóciles al orden de cosas existentes. Los demonios reaparecen para impedir que esos nuevos lugares de enunciación se consoliden[1]. El alerta sobre el retorno de demonios que parecen surgir de profundidades abisales del ser humano, si lo pensamos como estrategia del discurso neoliberal, puede explicarse por el uso de una sus armas preferidas: hacer culpables a otros de lo que son responsables.

La fenomenología de este retorno de los demonios se presenta de dos maneras. Directamente, en la figura del mal de los disidentes, de los protagonistas de cualquier causa emancipadora. A través de la narración, se instala una lógica de la sospecha contra la disidencia que destaca su carácter demoníaco o de amenaza, lo que prepara un sentido común que aprueba su persecución. Pero, por otro lado, se trata de alertarnos todo el tiempo sobre demonios que se inventan. Desde fines del siglo XIX la maquinaria de la propaganda ha crecido y se ha especializado constituyéndose en núcleo central de la cultura capitalista. La estrategia narrativa de la dominación actual nos intenta convencer de que nuestros vecinos son monstruos que odian o monstruos que debemos odiar.

 

El retorno de la lógica binaria de la narrativa del poder

Nos interesa el análisis del fenómeno de la posesión de Loudun que hace de Certeau porque considera que cuando son desatados los rencores, violencias y pasiones que provienen de antecedentes significativos como las guerras de religiones o las luchas entre hugonotes y católicos; cuando algo de cierta estabilidad social comienza a resquebrajarse, cuando los marcos de referencia no son útiles, un procedimiento como el de la posesión reagrupa y construye una lógica a la que nadie podrá escapar. Todos los participantes quedarán encerrados en esta lógica, a partir de una coacción que exigirá de cada uno que se ubique de un lado o del otro.

Este sistema cerrado es el efecto de luchas y guerras que están produciéndose en el momento en que comienza a agrietarse el poder de la Iglesia y a tomar cuerpo la autoridad absoluta del Rey, como paso previo a la conformación del Poder Estatal.

Nos muestra cómo la potencia de la homogeneización del discurso del poder puede encapsular las tragedias y luchas de una sociedad para conducirlos a ese binarismo que no permite que nada quede fuera de él. Como hemos planteado en otro texto:

“La idea de una división social sin resto tiene el mismo estatuto que la idea de una reconciliación lograda o una sociedad plena en sí misma. Se expulsa la falta constitutiva y se asienta la idea de lo social representado por dos “facciones” simétricas. […] Una de las maneras es introduciendo disputas que “asemejen” a una contienda por la hegemonía política. Uno de los actuales procedimientos es la construcción de luchas por diferentes temas que involucran a minorías sociales, cuestiones que pueden llegar a ser muy sensibles a la población por razones históricas o coyunturales. Se trata de una solicitación o interpelación a todos los individuos a tomar partido, a portar un determinado color, a ser parte de una “facción”. […] Esto inocula un malestar agudo contra otro u otros que representan el bando opuesto. Como en una guerra civil, esos otros ciudadanos pueden llegar a convertirse en sus enemigos. La existencia de esos dos bandos hace que la sociedad padezca un estado de beligerancia continua, es decir, de solicitación de la cólera, del odio y del temor” (Ferrari, 2019a).

¿Víctimas o cómplices? se pregunta de Certeau respecto del drama de la posesión de Loudun. Respecto del drama de quedar atrapados en un binarismo discursivo, donde para cada uno de los participantes se trata de estar a favor o en contra, del lado de Dios o del lado del Diablo. De esta manera, el discurso del poder llega a homogeneizar un campo de fuerzas extendido y multipolar en un campo donde se trata de decir que sí o que no, donde hay que tomar partido por uno u otro campo y sin posibilidad de salir de esa lógica binaria. Desde el campo del pensamiento deberíamos evitar entrar en la lógica binaria que se nos propone analizando sus procedencias y sus efectos.

Cuando se tiende a concebir el tiempo presente como de espíritu de derechas, y se tiende a ver un retorno del fascismo, viene bien leer a Foucault (2014) cuando nos plantea que sería un error considerar los asuntos de brujería del siglo XVII como el signo de que se había producido un retorno al viejo terror religioso. Lo que hace Foucault es pensar en el contexto político institucional en el cual se produce este recrudecimiento y ver que hay allí problemas macroestructurales del conflicto entre Iglesia y Estado.

Lucien Febvre (1958), por otro lado, ve en el fenómeno de la epidemia de brujerías del siglo XVI y XVII una “revolución psicológica”. La aproximación de Febvre no verá en esa transformación ni una revolución política ni económica, sino de las almas. Advierte que esa revolución cultural se produce inmediatamente luego de las guerras de religiones y pone el acento en una revolución sostenida sobre todo por las mujeres.  Una lectura interesante de Febvre que estima que se trata de una revolución cultural protagonizada por las mujeres. Lo fundamenta en el rol capital de las mujeres en la difusión de la reforma luterana, que llega a ellas a través de libros santos traducidos en lengua vulgar. Se trata de una renovación espiritual en la que ellas están en revuelta contra las costumbres de los hombres. Porque el siglo XVI es un siglo guerrero, diversas guerras de religión, guerras civiles y con extranjeros han gatillado violencias y goces en raptos, violaciones, asesinatos. En eso estaban ocupados los hombres, dice Febvre.  “Las mujeres del siglo XVI encuentran en la Palabra de Dios el alimento que su corazón exige, y un refugio contra la rudeza, la brutalidad, la lujuria desenfrenada, la violencia sedienta de sangre de los hombres.” (Febvre, 1958: 644)[2].

Donde quiera que pongamos el acento, ya sea en los problemas macro estructurales del conflicto entre Iglesia y Estado con Foucault, o en la vida cotidiana que se altera producto de las guerras, lo que aparece es un cambio de mentalidades que lo podemos poner a cuenta de cambios en el orden social que precipita tanto las luchas en el poder como las revueltas que, para Febvre, protagonizan las mujeres[3].

Lo viejo muere, pero lo nuevo no termina de nacer

“La crisis consiste en el hecho de que lo viejo muere y el nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados.” Gramsci (1975/1977: 311)[4].

Creo que, como nunca, o sí, pero, en otros términos, esa morbosidad de lo social está construida, creada desde las alturas del poder neoliberal que posee recursos colosales para producir un discurso dominante. No sólo la defección de la izquierda, sobre todo en los países ricos occidentales está en la raíz de un crecimiento de los movimientos de derecha. También hay un crecimiento desde la manipulación mediática pues a esta actual concentración de las riquezas en pocas manos, le asusta cualquier movimiento que desde el campo de lo popular pretenda introducir una coma o un punto en su guion.

Nos ocuparemos de dos nociones que, en principio, frente a este poder neoliberal, se gestan en la necesidad de pensar cuáles alternativas a su poderío. Se trata de lo inapropiable en Jorge Alemán y lo inconsumible en Pier Paolo Pasolini, que ponemos en relación con la heterogeneidad radical en Ernesto Laclau.

 

Lo inapropiable

Dice Jorge Alemán (2016: 40): “Ninguna transformación política es posible si no se pone en juego aquello que el circuito de la mercancía no puede capturar: ¿qué parte de cada uno de nosotros no se puede integrar a la forma mercancía y a su fetiche?”.  “Es un ejercicio fundamental del pensamiento pensar lo inapropiable. ¿Qué es lo inapropiable? Aquello que el discurso del Capital no puede capturar” (2016: 47). La tarea, dirá Alemán, será saber localizar los elementos que se resisten a ser integrados en el circuito de la mercancía. “… la nueva lógica emancipatoria debe saber discutir qué se debe conservar, qué se debe impedir que se desvanezca en el aire y, por tanto, saber localizar qué elementos intervienen en la constitución de la existencia hablante, sexuada y mortal, que se resisten a ser integrados en el circuito de la mercancía” (2016: 61).

Lo inapropiable en Jorge Alemán lo asociamos con la idea de lo inconsumible en Pier Paolo Pasolini, para quien el teatro y la poesía son expresiones irreducibles e inconsumibles. Dice Pasolini (2005:65):

“Los sociólogos en este punto están equivocados, deben revisar sus ideas. Dicen que el sistema se lo traga todo y lo asimila todo. No es cierto, hay algunas cosas que el sistema no puede asimilar, no puede digerir. Una de estas, por ejemplo, es la poesía, porque en mi opinión es inconsumible. Uno puede leer un libro de poemas miles de veces y no consumirlo. La consumición es del libro, y de la edición, pero no de la poesía.”

Por otro lado, se abre una perspectiva interesante si relacionamos esta noción de lo inapropiable de Jorge Alemán con la noción de heterogeneidad radical tal cual la plantea Ernesto Laclau. Para Laclau la heterogeneidad social no significa diferencia, pues dos entidades son diferentes cuando se piensan en un espacio común. En cambio, heterogéneos son los “elementos que no pertenecen a un mismo espacio de representación” (Laclau, 2008: 41).

Esta noción nos sirve para tratar de precisar aún más el carácter del objeto que podría ser inapropiable para el capitalismo. Por un lado, hay un estatuto de lo inapropiable derivado de lo que no puede entrar en el circuito de la mercancía por derecho propio. Así sería el caso de la poesía para Pasolini. Pero también podría pensarse ya no en el carácter intrínseco del objeto, sino por la heterogeneidad de espacios en los que se encuentra. Un espacio es el de la trituradora del capital donde todo lo que cae allí queda reducido a mercancía y objeto de consumo. Otro espacio, heterogéneo e inconmensurable de aquel, donde ciertos bienes culturales habitan de una manera tal que no pueden ser capturados por esa trituradora.

Giorgio Agamben, en su libro Estancias, reflexiona sobre lo inapropiable. Destaca la capacidad de la melancolía que puede “hacer aparecer como perdido un objeto inapropiable” (1977/2016: 53), haciendo del melancólico alguien que puede convertir en objeto perdido un objeto que no se ha poseído. Si bien para el psicoanálisis será más difícil establecer la diferencia entre objeto apropiable o inapropiable precisamente por su mismo estatuto fantasmático, la reflexión de Agamben nos inspira para pensar, aunque invirtiendo los términos, acerca de eso que el melancólico realiza: “logra apropiarse del propio objeto sólo en la medida en que afirma su pérdida” (2016:54).

¿Será posible que al objeto de consumo producido o capturado en la lógica mercantil se le extraiga un valor inapropiable para esa misma lógica? El arte permite jugar con esto, cuando convierte al objeto de consumo o al desecho de la operación mercantil en un objeto de arte. Una política de rescate que crea un valor más allá de los valores del mercado, con lo cual pone en escena la capacidad de construir un mundo paralelo al del reino del consumo.  Estas conjeturas intentan situar cuáles serían las coordenadas subjetivas que pudieran construirse para operar con los objetos y las personas sin que todo sea devorado en el espacio de la obsolescencia programada capitalista.

De esto se puede extraer una “militancia”. Esa militancia será sometida a fuego cruzado, pero ella misma construirá su propia barrera a partir de mecanismos como la abstinencia, el ascetismo, con algo de esa figura del Santo que Jorge Alemán recupera de Lacan. A lo que se puede agregar la militancia de ciertos feminismos. ¿Se trata de lugares que podrían permanecer al margen de la lógica del capital? No sería fácil el cometido si lo pensamos como acciones dentro del espacio común de la circulación neoliberal. Pero si pensamos que pueden coexistir espacios al margen de su lógica, aparecerán lugares heterogéneos para habitar.

 

Retornemos a los demonios

¿Hay un monstruo en el sujeto, ancestral, pulsional, primario o hay un sujeto dividido que puede devenir en un monstruo a partir del control y la domesticación de los dispositivos biopolíticos y narrativos? Sabemos que el sujeto está mal hecho de entrada. Pero ¿qué quiere decir?: Que está fallado, que está dividido, que se constituye en el campo del Otro, lo que lo hace siempre vulnerable al discurso del Otro.

Si extraemos las consecuencias de esto, podemos pensar que hay condiciones sociales y narrativas que alimentan monstruos. Lo dice muy bien Alemán (2019): “el racismo, las ideologías de ultra derecha son discursos que el poder dominante activa para transformar el consenso dominante con nuevos discursos. Es el recurso suplementario de la derecha de siempre, para según la coyuntura, cambiar su agenda en función del modelo de acumulación del Capital”. Entonces, cuando se piensa en el retorno del fascismo parecería abonarse la idea de una estructura fascista que retorna en ciertos sujetos. ¿Pero no sería eso sustancializar al sujeto?

Como he planteado más arriba, hay en curso la gestación de dos tipos de monstruos. Uno es el demonio de los proyectos o deseos emancipatorios para la mirada neoliberal. El otro demonio es el del fascismo del cual nos alertan todo el tiempo y al cual le damos prensa. Esta es una maniobra mucho más sutil y astuta. Hay figuras alimentadas como Bolsonaro, Le Pen, de las cuales se nos habla todo el tiempo. No es que ellos no existan, pero se agiganta su figura. Podemos decir: no es que son figuras gigantes y por eso hablamos de ellos. Es porque hablamos de ellos que su figura se agiganta. Es la lógica del algoritmo. Más se habla de ellos, más se hablará y más se agigantará su figura. Pero esto no es nuevo. Es una estrategia política y publicitaria bastante antigua, la del protagonismo del escándalo. Dalí lo decía irónica y cínicamente «Que hablen de uno, aunque sea bien».

El psicoanálisis impide sustancializar al sujeto y afirmar un ser que lo constituye. Porque el psicoanálisis no es sólo una teoría del sujeto, sino un dispositivo analítico a través del cual se puede hacer algo diferente con lo que se trae.

Si compartimos todas estas hipótesis para pensar el sujeto y luego para pensar en términos sociales pensamos en un retorno del fascismo, construyendo un sujeto que en su sustancia es fascista, racista o xenófobo, estamos en contradicción con nuestros propios puntos de partida. Así recuperamos un sujeto pleno, entero, que no se modifica y que “retorna” en esa sustancia que había quedado en estado de letargo. Pienso, por el contrario, que el orden neoliberal, es una maquinaria que se auto engendra y que en su lógica hay una suposición de un sujeto como efecto del discurso[5], que utiliza en sus estrategias de dominación.

¿Cómo interrogarnos acerca de los efectos en nuestros propios discursos del hecho de que el sujeto se engendra en el lenguaje?  Hay un efecto en las almas bellas y en progresistas o de izquierda que cuando la narración mediática coincide con nuestra ideología la creemos.  ¿Por qué razón creemos que, los mismos medios mentirosos respecto de situaciones y eventos que bien conocemos, cuando hablan mal de nuestros supuestos enemigos o cuando hablan bien de nosotros, entonces no mienten? ¿Por qué razón cuando algún relato mediático coincide con nuestra ideología no es una fake news y estamos dispuestos a creerlo? Esto es lo que sucede con narrativas que alientan las imágenes de fantoches fascistas que nunca faltan y que parecieran ser exacerbados para nutrir nuestra moral indignada, y allí vamos. En muchos casos alimentando al monstruo.

Ahora bien, el sujeto es vulnerable a esas narrativas, pero es su misma insistencia la que nos muestra que también puede escapar a ese bombardeo. Se trata de ocupar al sujeto narrativamente, no dejarle resquicio para que pueda atar cabos, pues si no lo sitian narrativamente podría escapar hacia otros horizontes discursivos. De allí que la presencia de narrativas con temáticas emancipadoras es tan importante. Esta complacencia de los individuos respecto de las narrativas que se le ofrecen no debería sorprendernos. Es la estructura de la que estamos hechos. La coacción a través de métodos represivos, de control de cuerpos y actividades han dado ingentes materiales humanos de subordinación, pero también fuentes de resistencia a la opresión. En este estado de cosas, la coacción a partir de lo narrativo es más difícil de entender como coacción y se tiende a verlo como mecanismo de persuasión. Es el mecanismo de la publicidad y de la propaganda. Se ve en ello un artefacto que convoca a partir de métodos seductores o convincentes. Se extrae de ello que no son coercitivos, sino que se dirigen a un sujeto que puede elegir, y elige aquello que le resulta más seductor o que lo convence. Pero si consideramos al lenguaje como el terreno en el cual surge el sujeto, si consideramos que el poder opera a través de dispositivos narrativos, entonces podremos hacer equivaler la grilla de las cadenas que sujetaban a los esclavos con las grillas del discurso que encadenan a los individuos.

 

El lenguaje es el suelo natal del sujeto

Estas reflexiones surgen al calor de reflexiones como las de Jorge Alemán cuando plantea que el suelo natal del sujeto es la lengua y no el poder. Esto nos orienta a la necesaria reflexión acerca del poder del lenguaje y subrayar la importancia del lenguaje y todas sus declinaciones para pensar los mecanismos del poder. Plantea Jorge Alemán que no hay que confundir la radicalidad del hecho de la emergencia del sujeto en el lenguaje con la tarea de pensar una lógica de la dominación, cuando piensa que Foucault, Deleuze o Butler sí lo hacen[6] (Alemán, 2016:63).

 

Pasolini y el fascismo de los antifascistas

Inmediatamente antes de su asesinato en 1975 Pasolini escribe una serie de notas polémicas en diarios de la época. Épocas perdidas en la que los diarios de circulación masiva producían interesantísimos debates intelectuales. Se ocupa de ese nuevo fascismo que emergía en los jóvenes de los años ’70 y hace un contrapunto con lo que denomina el fascismo “normal”, el de la sociedad de consumo capitalista que producirá una mutación antropológica de los italianos.

Para Pasolini siempre fue posible distinguir entre diferentes culturas en Italia, pero esas culturas cedieron a la homologación de la sociedad de consumo, realizando el sueño interclasista. Dirá que ese nuevo poder que no es fácil de reconocer no está ni en el Vaticano, ni en las fuerzas armadas, ni en los potentes democristianos, ni tampoco en la gran industria italiana. Ese nuevo poder tiene rasgos modernos, de una falsa tolerancia. Para Pasolini este nuevo poder capitalista es en realidad una forma “total” de fascismo porque ha homogeneizado culturalmente a Italia.

En 1974 concluye una nota que titula “El poder sin rostro” diciendo: “Porque el viejo fascismo, aunque más no sea a través de la degeneración retórica, distinguía: mientras el nuevo fascismo no distingue más: no es humanísticamente retórico, es americanamente pragmático. Su fin es la reorganización y la homologación brutalmente totalitaria del mundo” (1990:50)[7].

La reacción de diversos intelectuales fue inmediata. Lo acusaron de añorar el pasado rural de Italia.  Pasolini los despacha a leer a Gramsci y a ver sus películas. Lo que le interesa es afirmar que el centro cultural del consumo ha destruido la diversidad de culturas a escala mundial y esto supone, para Pasolini, “el nuevo y más represivo totalitarismo que nunca se haya visto” (1990:53)[8]. Como Italo Calvino había escrito que no conocía a los jóvenes fascistas ni querría conocerlos, Pasolini le dice que su respuesta es muy desafortunada, por dos razones. Primero porque no reconocería a un joven fascista de uno que no lo es, pero, sobre todo, le propone lo acertado que sería encontrar a alguno de estos jóvenes fascistas pues ellos “no son los fatales y predestinados representantes del Mal: no nacieron para ser fascistas. Nadie […] les puso de manera racista la marca de fascistas. Es una atroz forma de desesperación y neurosis que empuja un joven a una tal elección; y quizás habría bastado una sola pequeña diversa experiencia en su vida, un solo simple encuentro, para que su destino fuera diverso” (1990:55)[9]. Un Pasolini lúcido y sensible que nos explica el terrible error que se comete cuando se hace sustancia del ser de un sujeto.

Me detengo en estas palabras de Pasolini porque considero que nos ayudan a pensar el momento presente y a no practicar el mote de fascista livianamente. Dice:

“Existe hoy en día una forma de antifascismo arqueológico que es una buena excusa para procurarse una patente de antifascismo real. Se trata de un antifascismo fácil que tiene como blanco un fascismo arcaico que ya no existe y que ya no existirá” (1990: 232)[10].

Comenta el filme “Fascista” de Luca Naldini, hecho con imágenes de archivo de la época de Mussolini y dice que hay que verla para constatar que esa gente ya no existe más. Pasolini, tan sensible a los rostros humanos, nos dice:

“Basta un instante de posar tus ojos en esos rostros para ver que esa multitud ya no existe más, que están muertos, que están enterrados, que son nuestros abuelos. Esto es suficiente para comprender que el fascismo no se repetirá de nuevo. Es por eso por lo que una buena parte del antifascismo de hoy, o al menos lo que se llama antifascismo, o es ingenuo y estúpido o pretencioso y de mala fe: porque libra batalla o pretende dar batalla a un fenómeno arqueológico muerto y enterrado que ya no puede dar miedo a nadie. En resumen, un antifascismo cómodo y aplacado. Creo, lo creo profundamente, que el verdadero fascismo es lo que los sociólogos han llamado demasiado bien ‘la sociedad de consumo’. Una definición que parece inofensiva, puramente indicativa. Pero no. Si uno observa bien la realidad y, sobre todo, si sabe leer en los objetos, en el paisaje, en lo urbano y, sobre todo, en los seres humanos, ve que los resultados de esta despreocupada sociedad de consumidores son la consecuencia de una dictadura, de un verdadero y propio fascismo”[11]. (1990:232)

Para Pasolini la sociedad de consumo es el verdadero fascismo de los años ’70. En términos actuales hablaríamos de neoliberalismo. Todo el tiempo el periodismo publicitario y hasta intelectuales y políticos nos alertan sobre los fascistas redivivos. Esos espejos deformados de los fantoches fascistas de antaño podrían ser una coartada. La coartada para conducir una lucha antifascista que, si seguimos a Pasolini, esconde el vero fascismo en ese neoliberalismo cuyo rostro cambia, muda, se transforma hasta ofrecernos su mejor rostro: el rostro que más te guste, mientras su verdadero rostro, si lo tuviera, perpetra las tropelías que conducen a lo peor.

Uno de los métodos actuales como estrategia de la dominación neoliberal es avivar el campo de la derecha, ya sea directamente o avivar el espectro del fascismo para asustar almas bellas y fuerzas “progresistas” para que opten por el neoliberalismo, con su rostro eficiente, innovador y cibernético, como la imagen contraria del retorno del pasado.

Jorge Alemán recientemente ha planteado que tanto desde la izquierda como de la derecha se considera a la ultraderecha populista como una actualización de los afectos y pulsiones más primarias. “En esta lectura compartida, insistimos, a izquierda y derecha, rige la siguiente metafísica: el afecto y la pulsión serían lo primario y a continuación, en un segundo tiempo, aparecería el lenguaje.  De este modo circula la concepción más dominante sobre el populismo: es una formación política que se basa en reactivar lo primario pulsional” (2019). Esta lectura de Alemán coincide, de alguna manera, con lo que hemos planteado como una estrategia narrativa. La de sustancializar a un sujeto que sería fascista en modo primario, pulsional, y no que “lo fascista” está determinado por el discurso.

 

El deseo de emancipación

Jorge Alemán siempre hará presente que lo que no podrá ser cancelado es el deseo de emancipación, como cuando dice que “Se puede deconstruir la filosofía de la emancipación, pero no el deseo de emanciparse” (2000: 58). El deseo de emancipación también forma parte de lo que retorna. Si bien los momentos fulgurantes emancipatorios en la historia de la humanidad no han sido abundantes ellos han existido y las fuerzas colosales que el poder ha puesto en socavarlos también son una prueba de que esos deseos no desaparecen. El trabajo inmenso que se toma el poder en engañar, manipular y sojuzgar es muestra de que el deseo emancipatorio no está erradicado. Quizás, como el deseo inconsciente, sea indestructible.


Bibliografía

Agamben, Giorgio (1977/2016). Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental. Valencia, Pre-textos.

Alemán, Jorge (2000). Lacan en la razón posmoderana. Málaga, Miguel Gómez.

Alemán, Jorge (2016). Horizontes neoliberales en la subjetividad. Buenos Aires, Grama.

Jorge Alemán (2019). “Populismo, ese exceso metafísico de los instintos”, en La tecl@ eñe. 20/03/2019, recuperado el 15 de mayo de 2019 en https://lateclaenerevista.com/populismo-ese-exceso-metafisico-de-los-instintos-por-jorge-aleman/

De Certeau, Michel (1970/2012). La posesión en Loudun. México, Universidad Iberoamericana.

Febvre Lucien (1958). “Aspects méconnus d’un renouveau religieux en France entre 1590 et 1620”. In: Annales. Economies, sociétés, civilisations. 13ᵉ année, N. 4, 1958. pp. 639-650.

Ferrari, Lidia (2019a). “Divide et impera en clave neoliberal”. En Revista #lacanemancipa. Número 0. Recuperado el 15 de mayo de 2019 en http://lacanemancipa.org/divide-et-impera-en-clave-neoliberal/

Ferrari, Lidia (2019b). Decir de mujeres. Escritos entre psicoanálisis, feminismo y política. Buenos Aires, Letra Viva.

Foucault, Michel (1977/2014). La vida de los hombres infames. Buenos Aires, Caronte.

Gramsci, Antonio (1975/1977). Quaderni del carcere. Volume terzo. Torino, Einaudi.

Laclau, E. (2008) “¿Por qué construir al pueblo es la principal tarea de una política radical?” en Laclau, E. Debates y Combates. Buenos Aires, FCE.

Pasolini, Pier Paolo (1975/1990). Scritti Corsari, Milano, Garzanti.

Pasolini, Pier Paolo (2005). Pasolini rilegge Pasolini. Intervista con Giuseppe Cardillo. Milano, Archinto.


*Este artículo fue publicado en https://lacaneman.hypotheses.org/162

**Lidia Ferrari, psicoanalista y escritora, ha sido docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires hasta 2008, cuando fija su residencia en Italia. Ha publicado, entre otros, los libros: Tango. Arte y misterio de un baile (2011) y El baile del tango y sus secretos (2014), por Corregidor. La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina (2016) y Decir de mujeres. Escritos entre psicoanálisis, política y feminismo (2019), ambos de editorial Letra Viva.


[1] El fenómeno de la brujería es una especie distinta del género de “los demonios”. Primero se despliega el fenómeno de la brujería que tiene una estructura binaria, de acuerdo al análisis de de Certeau, ya que está formado por dos actores: las brujas y los jueces. En cambio, el fenómeno de la posesión pasa a ser una estructura ternaria, en la cual participan la poseída, el brujo a través del cual se manifiesta el diablo y el juez.

[2] “Les femmes du xvie siècle trouvent dans la Parole de Dieu l’aliment que réclame leur coeur et un refuge contre la grossièreté, la brutalité, la luxure sans frein, la violence sanguinaire des hommes”. “Olvidamos cuán cruel, bárbaro, dividido fueron estos tiempos que dividían hijos contra padres, hijas contra madres, mujeres contra esposos. Este es el pan cotidiano de la época”. “Nous oublions combien ce temps fut cruel, barbare, divisé, fils contre pères, filles contre mères, femmes contre maris. Voilà le pain quotidien de l’époque.” Febvre. Ob. Cit. Pag. 644. Todas las traducciones en este texto son de la autora.

[3] “Pero las mujeres, ¿en qué se convierten en este mundo de violencia, de infinita brutalidad? Ellas están perdidas, aisladas en total soledad: de ahí su revuelta”. “Mais les femmes, que deviennent-elles dans ce monde de violences, de brutalités sans fin? Elles sont perdues, isolées dans une solitude totale : d’où leur révolte”. (Febvre, 1958:643).

[4] “La crisi consiste appunto nel fatto che il vecchio muore e il nuovo non può nascere: in questo interregno si verificano i fenomeni morbosi più svariati”.

[5] “Las ideas acerca de la decisiva intervención del lenguaje como constitutivo de la realidad toca a la manera en que se está construyendo un nuevo orden tecnológico-social liderado no sólo por los alcances revolucionarios de la era informática sino también por la concepción de un sujeto que ya se podría pensar como hegemónica, en la cual el sujeto es un efecto del lenguaje”. (Ferrari, 2019b:82)

[6] Jorge Alemán plantea que “suele haber una confusión de índole metodológica en las ciencias sociales y en la filosofía: se suele confundir lo que podríamos llamar de un modo específico las lógicas de dominación, las teorías u ontologías del poder que se puedan eventualmente haber construido, con lo que Lacan ha teorizado con respecto a la captura del sujeto por parte del lenguaje. Son dos elementos que entiendo no se pueden superponer, recubrir, ni disolver el uno en el otro. Esta confusión la veo con mucha frecuencia, a veces en Michel Foucault, otras veces en Gilles Deleuze, también en Judith Butler y en muchos otros pensadores que se han dedicado a dilucidar la lógica de la dominación. Creo que allí se confunde la instancia que podríamos llamar ontológica o estructural -que es el hecho de que para Lacan el ser vivo deviene sujeto a través de la captura de la lengua; es de ese modo que emerge el sujeto dividido como tal- de lo que podría ser una lógica de la dominación”. Alemán (2016: 63).

[7] “Perché il vecchio fascismo, sia pure attraverso la degenerazione retorica, distingueva: mentre il nuovo fascismo -che è tutt’altra cosa- no distingue più: non è umanisticamente retorico, è americanamente pragmatico. Il suo fine è la riorganizzazione e l’omologazione brutalmente totalitaria del mondo”. Pasolini (1975/1990:50)

[8] “…della nuova cultura della civiltà dei consumi, cioè del nuovo e del più repressivo totalitarismo che si sia mai visto”. Pasolini (1975/1990:53)

[9] “non sono i fatali e predestinati rappresentanti del Male: non sono nati per essere fascisti. Nessuno (…) ha posto loro razzisticamente il marchio di fascisti. E una atroce forma de disperazione e nevrosi che spinge un giovane  a una simile scelta; e forse sarebbe bastata una sola piccola diversa esperienza nella sua vita, un solo semplice incontro, perché il suo destino fosse diverso”. Pasolini (1975/1990:55)

[10] “Esiste oggi una forma di antifascismo archeologico che è poi un buon pretesto per procurarsi una patente di antifascismo reale. Si tratta di un antifascismo facile che ha per oggetto ed obiettivo un fascismo arcaico che non esiste più e che non esisterà più”. Pasolini (1975/1990:232)

[11] “Basta un attimo posare gli occhi su quei visi per vedere che quella folla lì non c’è più, che sono dei morti che sono sepolti, che sono i nostri avi. Basta questo per capire che quel fascismo non si ripeterà mai più. Ecco perché buona parte dell’antifascismo di oggi, o almeno di quello che viene chiamato antifascismo, o è ingenuo o stupido o è pretestuoso e in malafede: perché dà battaglia o finge di dar battaglia ad un fenomeno morto e sepolto, archeologico appunto, che non può fare più paura a nessuno. E’, insomma, un antifascismo di tutto comodo e di tutto riposo.
Io credo, lo credo profondamente, che il vero fascismo sia quello che i sociologhi hanno troppo bonariamente chiamato la “società dei consumi”. Una definizione che sembra innocua, puramente indicativa. E invece no. Se uno osserva bene la realtà, e soprattutto se uno sa leggere intorno negli oggetti, nel paesaggio, nell’urbanistica e, soprattutto, negli uomini, vede che i risultati di questa spensierata società dei consumi sono i risultati di una dittatura, di un vero e proprio fascismo”. Pasolini (1975/1990:232).

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